lunes, 16 de marzo de 2020

EL SECRETO DE MI JARDÍN II

Sentada en mi cama me encontraba mientras leía un libro de mi autor favorito: "El puzzle de cristal" de BlueJeans, cuando de repente mi estómago rugió como un animal salvaje. 
-¡Cállate! ¿No ves que estoy leyendo un capítulo muy interesante?-Me miré la tripa.
<<Cualquiera que me viese pensaría que estoy loca.>>
~Es que lo estás~Dijo mi conciencia.
<<Gracias, yo también te quiero.>>
Reí y negué con la cabeza.
Seguí leyendo unas páginas más y con mucha pena cerré el libro para ir a calentar la comida.
Cuando todo estaba preparado llamé a mis hermanos para que vinieran a comer.
-¿A qué hora entras a trabajar, Joel?
-En una hora, en lo que termino de comer me marcho corriendo.
Asentí con la cabeza y nos quedamos en silencio durante un minuto hasta que Hera comenzó a reír al ver a Axel con la cara y las manos manchadas de tomate.
<<Espera un momento, ¿QUÉ?>>
Abrí bien los ojos y lo regañé.
-¡Vamos al baño a limpiarte toda esa suciedad!
-No quieoo.-Se cruzó de brazos.
Mientras, Hera seguía riéndose.
-Joel, ¿puedes ayudarme?-Dije malhumorada al ver que seguía comiendo como si nada.
Él se encogió de hombros y centró su mirada en el plato de espaguetis ignorando mi petición.
-¡Hera, ya, cállate! 
Pero mi hermana de 5 años seguía riendo.
Como pude llevé a Axel al baño y después de frotar durante unos minutos conseguí limpiarlo, excepto su camiseta blanca que ahora se convirtió en naranja.
-Naganjja me guta.-Sonrió.
-Mamá nos va a matar.-Suspiré pensando en como solucionarlo.
-Quero come másss.
-Cuando te cambie, vamos a por una camiseta limpia.
***
Aquella misma tarde comenzó a llover  por lo que Connor no pudo completar su jornada del primer día.
-He hecho lo que he podido, me llevará muchísimo tiempo arreglarlo todo pero lo conseguiré.
-Espero que consigas que mi madre recupere ese amor por las plantas. ¡No te imaginas las horas que se podía pasar en el jardín! 
-Me lo creo, aunque lleve años así el jardín, se puede ver que en su día fue uno de los mejores que se hayan podido ver.
-La verdad que sí.-Sonreí al recordar todos los momentos en aquella parte de la casa.
Connor se terminó de un trago el café que le había preparado minutos antes, me miró por unos segundos para después apartarla.
Se veía que estaba algo nervioso.
-¿Te pasa algo?-Le pregunté curiosa.
-N...No, ¿por?
-No sé, te noto algo... ¿raro?
-Soy raro.-Rió.
-¡No exageres!
Ambos reímos y nos quedamos en silencio de nuevo.
-¡¡¡Tata, piiiis!!!-Interrumpió el pequeño de dos años.
-Perdona.-Le dije al jardinero.
-No te preocupes, ve.
Asentí y acompañé al pelirrojo al servicio.
Sonreí al pensar en lo que había crecido Axel.
¡Parecía ayer cuando mamá nos dio la noticia de que íbamos a tener un hermanito!
Todos nos alegramos, excepto mi padre (si se le podía llamar así).
¿Por qué él no se sentía así? Bueno... Es una historia larga que ya os contaré.
Una vez que mi hermanito terminó regresamos al comedor donde Connor se estaba poniendo ya la chaqueta.
-¿Ya te vas?
-Sí, como no voy a poder hacer nada prefiero irme a casa y hacer otras cosas.
-Pero... Está lloviendo a cántaros, ¿tienes coche para ir? 
-No...Pero no te preocupes, llamaré a un amigo para que venga a recogerme.
-Vale, pero no salgas hasta que no llegue.
Él asintió con la cabeza y buscó el número de su amigo en la agenda del móvil.
Tras unos cuantos pitidos colgó e intentó llamar.
-No me lo coge...-Suspiró.
-Vaya... Bueno, te puedes quedar aquí de momento si quieres.
-No me queda de otra...
Lo miré mal pensando en si le molestaba mi compañía pero no me atrevía a preguntarle así que me callé.
-Pon la tele si quieres, yo iré a ver qué hacen mis hermanos.
-Vale.
Subí a la habitación de Hera y los descubrí jugando a los Playmobil.
-Hola chicos, ¿puedo jugar con vosotros? 
-Síiiiiiii.-Gritó la niña.
-Tú este.-Axel me dio el que tenía en la mano.
Lo cogí y comencé a entretenerme con ellos.
-Yo quieo ese.-Mi hermano me volvió a coger el que poco antes me dio.
Negué con la cabeza.
¡Siempre hacía lo mismo! 
Me daba un juguete y poco después me lo volvía a quitar para jugar con él.
-Lo tenía ella.-Me defendió Hera.-Devuélveselo.
-No, es mío.-Dijo abrazando el minimuñeco.
-Es de todos, ¿a qué sí, tata? 
-Claro, pero si lo quiere él no pasa nada, ya cojo yo otro.
-Vale.-Me dedicó una sonrisa.
***
Me cansé de jugar con los peques y decidí ir a ver qué hacía Connor.
Lo encontré concentrado en la televisión viendo un partido de fútbol.
-¡Chicos!-Exclamé rodando los ojos mientras me sentaba a su lado.
-¡Ay, qué susto me has metido!-Se llevó una mano al corazón.
-Perdón.-Reí. 
-¿Y si no quiero perdonarte?
-Pues tú te lo pierdes.
Sonrió durante unos segundos antes de volver a mirar la pantalla de 37 pulgadas.
-¿No hay otra cosa mejor?
-No.
Negué con la cabeza, miré a mi alrededor en busca del mando y lo alcancé sin que el chico se diera cuenta.
Cambié el canal por FDF, donde estaban echando la que se avecina.
-¡Oye, qué estaba viendo el fútbol!
-Ya, pero a mí no me gusta.-Reí.-Y esta es mi casa.
-En eso tienes razón.-Me volvió a sonreír.
Nuestras miradas se cruzaron mientras estábamos en silencio.
Poco después entró Axel llorando.
-¿Qué te ha pasado, peque?-Le pregunté preocupada.
Detrás entró Hera con la cabeza agachada.
-¿Qué has hecho ya?
-Yo...nada...solo... él empezó.
-¿Cuál?
-¡Me quitó mi Barbie!-Dijo con los brazos cruzados.
Abracé a mi hermano e intenté consolarlo.
-Me pega.-Asesinó a Hera con la mirada.
-Ha...sido sin querer.-Se disculpó ella.
-¿Por qué te ha quitado la muñeca? 
-Sí.
-Pero no se pega, ya lo sabes. 
-Ya, pero...
-No, Hera, no hay peros que valgan.-Dije furiosa.-Pídele perdón, y que no vuelva a pasar.
-Perdón Axel...
Él apartó la mirada.
-Y tú pídele perdón por quitarle la muñeca, hay que pedir las cosas, ¿vale?
-Vale...Pedón.
-Muy bien, ahora id a por los juguetes y venís aquí a jugar.
-¡Valeee!
Salieron corriendo como si no hubiera pasado nada.
-¡Estos críos...!-Reí ahora que no estaban.
-¿Son siempre así?
-La verdad que no, se suelen portar bien pero hay días que...
-Ah.
Volvimos a ver la tele mientras los pequeños jugaban.

martes, 11 de febrero de 2020

EL SECRETO DE MI JARDÍN I


Todo comenzó cuando él entró al salón mientras yo veía la televisión.

Pensé que me encontraba sola en casa por eso tan solo llevaba una camiseta gris larga que usaba como vestido y una braga roja de encaje.

Él se sonrojó al encontrarme de esa forma, al igual que yo, que me tapé rápidamente con la manta que tenía en el sillón de al lado.

-Perdón.-Dijo rascándose la cabeza nervioso.

Yo lo miré desafiante sin mediar ni una palabra.

-¿Cuánto tiempo piensas quedarte ahí parado? ¡Vamos! ¡A trabajar!-Le dije malhumorada al ver que no reaccionaba.

-Sí, sí, perdón.-Dio un paso hacia su izquierda pero se volvió a parar.

Esta vez sin mirarme.

-Venía a... decirte que necesitaré unos guantes nuevos.

-¿No tienes suficiente con los que hay en el almacén?

-No... Están rotos y sucios.

Resoplé y quise levantarme pero me acordé de como iba vestida.

-Sal al jardín, iré a cambiarme y te ayudaré a encontrar algunos.

Él asintió y me regaló una pequeña sonrisa antes de salir al exterior.

Comprobé que volvía a estar sola y subí a mi habitación, busqué en mi armario unos shorts, un sujetador, unos calcetines y unas zapatillas y salí al jardín.

Miré a mi alrededor percatándome del cambio brusco que había pegado nuestro jardín.

Hacía ya algo más de dos años que mi madre había empezado a descuidarlo, y por lo tanto, más de dos años desde que no salíamos ninguno a esta zona de la casa.

Las flores y plantas estaban muertas, de color marrón y muchos bichos rondeaban por el suelo, las macetas e incluso las paredes del covertizo.

-Connor, ¿dónde estás?-Pregunté al no verlo por ninguna parte.

No recibí ninguna respuesta así que supuse que estaría ya buscando en el almacén.

Me acerqué a la puerta de este, cubierta por las enredaderas ya secas.

Busqué el picaporte y tiré de él unas cuantas veces sin éxito alguno.

Cogí aire  e intenté de nuevo abrir la pequeña caseta; esta vez utilicé tanta fuerza que me caí hacia atrás.

Cerré los ojos pensando que de esa forma no iba a hacerme tanto daño y me sorprendí al notar el suelo tan blando.

-¡Cuidado!

Abrí los ojos al escuchar la voz del jardinero y me percaté que me había amortiguado la caída.

-Perdón.-Dije impulsándome hacia arriba para intentar levantarme.

Cuando conseguí ponerme de pie le ofrecí mi mano.

-Gracias.-Me sonrió aceptando mi ayuda.

-De nada.-Le devolví la sonrisa.

Nuestros ojos se cruzaron y quedaron hipnotizados durante mucho tiempo.

Por primera vez lo miré prestando mucha atención en todo su físico.

Connor era alto y delgado, aunque con los brazos bien trabajados, su pelo era corto, liso y del mismo color que sus pequeños ojos castaños. Tenía una barba que lo hacía demasiado atractivo y un pendiente en la oreja izquierda. Además lucía un lobo feroz tatuado en blanco y negro en su antebrazo derecho.

-¿Qué hacéis?

El silencio fue interrumpido por mi hermano mellizo Joel que venía de buscar a los pequeños de la casa, Hera y Axel.

Di media vuelta y sonreí a mi hermano.

-Estábamos buscando unos guantes nuevos, los otros están sucios y rotos.

-No quedan guantes, habrá que comprarlos.

-Por eso no los encontrábamos.-Me encogí de hombros y sin decir más entré a la casa en busca de mis hermanos.

-¡Tataaaaaaaaa!-Vinieron los dos corriendo hacia mí.

Yo sonreí y abracé a ambos a la vez.

-Os echaba de menos.

-¡Y nosotros!-Contestó Hera.

-¡Sí!-Axel subía los brazos para que lo cogiera.

-Si me das un beso.-Le dije señalando mi mejilla derecha.

Él no dudó y me dio lo que le pedía.

Joel entró en ese momento sonriendo como solía hacer cuando necesitaba un favor.
-¿Qué quieres?
-Dinero, Connor necesita unos guantes nuevos, ya sabes.
Bajé a Axel al suelo y le pedí que subiera con Hera a jugar a su habitación.
Cuando estuvimos a solas contesté a mi mellizo.
-¿Y no tienes tú o qué?-Lo miré mal.-El que trabaja aquí eres tú, ¿eh?
-Ya pero...
-Joel, no le voy a dar de mi dinero ahorrado. Tú también tienes que colaborar.
-¿No te parece suficiente que lleve y traiga a Axel y Hera de la escuela?
-Pues no, soy yo la que se pasa todo el día limpiando la casa y cuidando a los pequeños cuando no están en la escuela.
-Porque quieres.
-Porque quiero no, para que mamá pueda descansar después de tantas horas trabajando, pero tú trabajas solo media jornada y podrías echarme de vez en cuando una mano, no sé...digo.
-Que sí, que lo que tú digas maja... Deja de darme la lata.
-Por lo menos págale a Connor los guantes... Si tampoco son tan caros...
-¿Si lo hago te callarás?
-Sí.
-Vale.-Buscó en su cartera y salió al jardín de nuevo.
Un minuto después entraron los dos chicos, Joel se subió a su habitación y Connor salió a por el material que necesitaba.


Aproveché que volvía a estar sola para ir a mi habitación y poner la música a tope mientras bailaba a lo loco mirándome al espejo que estaba incrustado en mi armario.

Sonreía feliz al ver que mi propósito de adelgazar esos kilos de más estaba dando sus frutos.

-Ya est...-Irrumpió un Connor colorado en mi habitación.-Perdón.-Dijo dándose la vuelta.

En seguida me bajé la camiseta que tenía subida debido a la observación y análisis que estaba haciendo a mi barriga.

-No pasa nada, ya puedes mirarme.-Reí algo incómoda.-¿Qué querías?

-Nada...solo venía a decirte que ya tengo los guantes nuevos.

-Ah, vale.

Nos quedamos en silencio durante unos segundos hasta que Connor bajó tras despedirse con un 'hasta luego'.




EL SECRETO DE MI JARDÍN INT.


No podía dormir pues él siempre volvía a mis pensamientos.
No lograba entender como podía haberme tragado todas sus mentiras con lo lista que siempre he sido.
Daba vueltas y más vueltas, cerraba los ojos y me ponía a contar ovejas, pero su hermoso rostro aparecía de nuevo en mi mente.
Me gustaba cuando no podía dormir por él al principio, pero porque todo era distinto…
Antes era por amor, y ahora por desamor.
De repente el sonido de una puerta me asustó, no le di mucha importancia pues sería el aire fresco de la noche de verano.
Sin embargo, volví a escuchar un ruido.
Esta vez eran pisadas cada vez más cercanas a mi habitación consiguiendo que me atemorizara, aunque segundos después se volvían a alejar.
¿Qué es lo que pasaba?
Tras unos minutos escuchando pequeños sonidos decidí averiguar de quien se trataba.
Y entonces lo vi, con una maleta en mano, e intentando hacer el menor ruido posible.
A mi madre podía engañar pues era de sueño profundo, pero a mí en estos momentos no.
Lo seguí escaleras abajo guardando una distancia mínima, atravesamos el comedor hacia la cocina, donde dejó un pequeño sobre donde podía ver el nombre de su esposa escrito: Viviana, y desapareció segundos después de aquella casa.
¿Dónde se había ido?

EL SECRETO DE MI JARDÍN S.

SINOPSIS

El jardín de los Sullivan siempre ha tenido una gran belleza y viveza gracias a Viviana, la dueña de la casa. Sin embargo, los últimos dos años no se ha podido ocupar de esta pequeña explanada que ha ido perdiendo poco a poco esa alegría que invitaba a todo el mundo a entrar en ella.
¿Pero qué pasaría si una persona ajena y experta en jardines consigue, tras mucho esfuerzo, revivirlo? ¿Y si esa persona no solo se encargará de revivir la alegría de este?

lunes, 2 de diciembre de 2019

POLOS OPUESTOS II E.


Epílogo


La primera parte de Polos Opuestos acabó con un final algo triste para Byron, algo inusual en mis novelas.
Sin embargo, me he guardado un as bajo la manga; decidí escribir una segunda parte, aunque resultó ser más corta de lo esperado, pero estáis de suerte pues vuestro final feliz ha llegado.
Estáis en las últimas páginas de la historia de Ariel y Byron y espero que las disfrutéis tanto como yo al escribirlas.
Si queréis saber como resultó ser el final solo debéis seguir leyendo.

Byron tardó muchísimo en preparar su declaración de amor, pero por el camino Taylor cumplió con su promesa y fue descubriendo poco a poco lo que su mejor amiga sentía por el chico.
Sin embargo, a pesar de que Ariel afirmaba estar enamorada de su primer amor, sentía que no estaba preparada para tener algo serio.
Esa noticia hizo que Byron entristeciera al principio, pero jamás se rindió.
Intentó hablar sobre el tema con ella, confesando de forma simple lo que él sentía.
Ella lo besó, pero como siempre, volvía a comportarse mal con él.
Hasta que un día recogiendo las cosas de su tía se encontró con una carta.

Mi querida sobrina,
Si has encontrado esta carta es porque yo ya me fui, aunque sé que siempre me vas a llevar en el corazón y yo te estaré cuidando desde el cielo.
No me podrás ver, pero sí sentir.
Quería darte las gracias por todo lo que hiciste por mí, solo nos teníamos la una a la otra pues no hemos tenido la suerte de ser una familia numerosa, tú me cuidaste cada vez que tenía un desengaño amoroso y yo lo hice contigo aunque no seguiste mi consejo cuando la vida te daba una oportunidad.
Por eso te pido que si vuelves a amar a una persona y tu amor es correspondido, acepta ese regalo de Dios, sé feliz con esa persona a pesar de que estés llena de terror.

No quiero que la familia Cooper termine cuando tú mueras, crea tu propia vida junto a la persona que te ame, tened hijos y disfruta del amor verdadero pues sino luego te arrepentirás.
Por mala fortuna yo no pude tener mis propios hijos, pero por buena suerte te crié a ti como si lo hubieras sido y eres lo más bonito que me pudo dar la vida.
Me fui feliz por saber que he educado a una de las personas más bellas del mundo, no solo físicamente, sino también con el alma más puro.
Comete errores pues eso te hará más fuerte, no intentes ser perfecta pues nadie lo es, arriésgate a pesar de tus miedos…pero sobre todo sé feliz.
Te quiero, pequeña.

Tu tía Kim.

Con lágrimas en los ojos, Ariel miró hacia el cielo y le dedicó una sonrisa a su ángel acompañado de un Te querré siempre.
Justo en ese instante, a unos metros de ella pasaba Byron, quien sonrió al verla por fin feliz.
La chica se sonrojó al ser descubierta y no dudó ni un segundo en salir disparada hacia él, su verdadero amor.
Lo besó, pillándole desprevenido, y lo abrazó con más fuerza que nunca.
-Te quiero Byron, siento no haberme dado cuenta antes de que merezco ser feliz a tu lado. ¡Qué le den a los miedos, yo quiero estar contigo!
El chico sonrió feliz, olvidándose de todo lo malo y sintiéndose el chico más afortunado.


POLOS OPUESTOS II C. X


Capítulo X


Verla con lágrimas en los ojos me encogía el corazón, y más cuando no sabía que palabras decir.
Sin embargo cuando la tenía entre mis brazos me sentía muy afortunado.
La pérdida de su tía fue un golpe muy duro para ella pero gracias a ello volvimos a estar muy unidos y mis sentimientos por ella cada vez crecían más.
Shana se enfadó conmigo aquel día que la dejé plantada por ir al tanatorio a verla, pero no me importó pues sabía que Ariel me necesitaba más.
A partir de ese día las discusiones aumentaron por momentos hasta que decidimos poner fin a nuestra relación.
Debería haber llorado por su pérdida pero la verdad que estar con Ariel me reconfortaba, y verla sonreír tras haberse desahogado conmigo me bastaba para sentirme mejor.
Ella no sabía aún nada, no quería atosigarla con mis cosas pues ya bastante había tenido.
-¿Byron? ¿Estás aquí o te has ido a la luna?-Chasqueó los dedos delante de mí.
-¡Oh, perdón…!-Sonreí.-La verdad que la luna es muy bonita, tengo que llevarte algún día.
Su risa no tardó en aparecer a pesar de que lágrimas estaban recorriendo sus mejillas.
-Gracias por todo, de verdad.
-No hay de que, para eso están los amigos, ¿no?
Asintió con la cabeza y después miró hacia el suelo.
-Ey, ¿qué te ocurre ahora? ¿He dicho algo malo?
-No, nada.-Me dedicó una pequeña sonrisa.-Voy al baño, ahora vengo.-Dijo alejándose de mí por unos momentos.

Su actitud me desconcertó un poco, no sabía que estaba pensando en ese momento pero me podía hacer una idea, una idea que me daba pequeñas esperanzas…
Aunque  no quería hacerme ilusiones tan pronto, ¡ quería saberlo ya!
Así que se me ocurrió un plan… ¿Funcionaría?

(***)
Tras despedirme de Ariel me fui a poner en marcha mi plan.
¡Ojalá funcionara!
Porque si de ser así podría cumplir mi sueño de hacía unos años.
Caminé a paso ligero hacia la casa de Taylor.
Tuve suerte pues no necesité llamar al timbre para que me abriera, justo en ese momento salía hablando por teléfono.
-¡Hasta ahora mi amor, te quiero!-Dijo tras percatarse de mi presencia.
Colgó y me miró extrañada.
-¿Qué haces aquí? Esta no es la casa de Ariel.
-Lo sé, venía a verte a ti.
-¿A mí? ¿Por?
-Eres su mejor amiga, necesito preguntarte algo.
-Oye…Byron…yo tengo novio y además como tú has dicho es mi mejor amiga…no podría hacerle eso.
-¿¡Qué!? ¡Oh, no! No es eso.-Reí.-Quería saber si te ha dicho algo sobre mí, si le…gusto.-Dije sonrojándome.
-Eh…No, pero en el caso de que lo supiera tampoco te lo iba a decir, es ella quien se tiene que confesar.
-O sea que…le gusto.
-Yo no he dicho eso.
-Indirectamente sí, has dicho ‘es ella quien se tiene que confesar’.
Ella suspiró y sonrió.
-No me lo ha dicho en ningún momento, pero sí me ha hablado de vuestra “relación” en las últimas semanas, y por como habla de ti y por como te mira cada vez que nos hemos encontrado contigo… se ve que sigue sintiendo algo por ti, pero está en una etapa muy mala, sabes lo difícil que es ella para estas cosas y puede que si le dices algo actúe con su mal carácter.
-Pero yo…
-Sé que tú también sientes algo, pero primero deberías cortar con tu novia antes de hacer nada.
-Ya lo hice, hace una semana.-Confesé.
-Eso…no lo sabía.
-No se lo he contado a ella porque no quiero agobiarla con mis problemas, aunque eso no es ningún problema, es un alivio.
-Yo solo te aconsejo que esperes un poco, si quieres te voy allanando el terreno pero aún no te declares, o si lo haces… ¡Hazlo a lo grande!
-¿A lo grande? ¿Cómo?
-Piensa un poco, a ella le encantan las sorpresas así que si usas tu imaginación…puede que con eso te diga un sí, pero repito ya sabes como es…a pesar de que ha cambiado bastante con el tiempo, no se sabe.
-Gracias Taylor.-Sonreí.
-De nada, y no le digas nada sobre esta conversación, ¿eh? ¡Sino me mata!
-Tranquila, soy una tumba.
Contento me despedí de ella y volví a mi casa para planear mi siguiente paso.
¡Estaba muy feliz por saber que ella sentía lo mismo que yo!
Sin embargo tenía miedo de cagarla o de que a pesar de ello me diera un No como respuesta, al igual que lo hizo en un pasado.

POLOS OPUESTOS II C. IX


Capítulo IX 

Unas horas después estábamos en el tanatorio.
Gracias a Silvia pude hacer todos los trámites con más rapidez pues yo no tenía el suficiente ánimo como para ocuparme de ello.
Alguien me sopló la nuca provocando un pequeño escalofrío en mí.
Me di media vuelta y lo abracé como nunca antes lo había hecho.
-Tranquila pequeña, ya estoy aquí.-Me susurró al oído.
-Gracias por venir a pesar de tener que trabajar, Dave.
-Lo primero es lo primero.-Me dedicó una sonrisa muy dulce.

Gracias a mis dos mejores amigos supe controlar mis emociones, a pesar de que estaba rota por dentro.
Cada vez que se acercaba algún conocido a darme el pésame empezaba a llorar pero Dave o Taylor se encargaban de alejarme de esa persona y tener más intimidad.
Sin embargo todo fue distinto cuando Byron apareció.
Me sorprendí al verlo, pero cuando vi que venía con sus padres y Aria mi sorpresa fue menor.
Les di las gracias a todos y supe contener mis lágrimas.
Ellos estuvieron a mi lado un rato más y antes de marchar me dijeron que si necesitaba cualquier cosa contara con ellos.
Jessica, Ezra y Aria se fueron, aunque me dijeron que volverían más tarde, pero Byron se quedó a mi lado.

Él estuvo ahí en todo aquel momento que me daba el bajón, tanto antes de que pasara como después, tanto en el velatorio como cuando me recogí a casa.
Fue muy dura la situación de entrar en mi casa y no verla a ella, mi tía Kim que me había cuidado como si de mi madre se tratara, ella ejerció muchos papeles importantes y ahora que no estaba me partía el corazón.
Sin embargo los días no eran tan negros gracias a esos ojos que tanto me hipnotizaban.