martes, 16 de junio de 2020

EL SECRETO DE MI JARDÍN XX

El lunes no dejaba de mirar la hora cada dos por tres pues estaba deseando de que llegaran las cinco de la tarde para que Connor llegara.
Sin embargo sabía que no iba a poder estar a solas con él, pues a parte de tener la compañía de los Wilson, mi madre y mis hermanos también estarían en casa.
¡Quería volver a disfrutar de sus labios! 
Pero tenía que aguantarme ya que no quería que nadie supiera lo que había pasado el sábado por la noche, o mejor dicho la madrugada del domingo.
¿Podríamos haber pasado el domingo juntos? Claro que sí, pero andaba muy cansada después del día anterior y además debía disimular.
Ni siquiera mi mejor amiga sabía de lo que había pasado entre el jardinero y yo.
Me moría de ganas por contárselo pero quería que fuera un secreto por el momento...No quería que se estropeara tanto.
Y ya saben lo que dicen...cuánto menos cuentes mejor irán las cosas.
Así que como pude oculté mi nerviosismo por querer encontrármelo y disfruté de la compañía de mi familia.
Cuando el timbre sonó tuve que resistirme en ir a abrir y dejé que fuera mi madre la que recibiría a los chicos.
Sin embargo me extrañó que Roy no hubiera aparecido aquel día.
-¿Y Roy?-Pregunté curiosa.
-Está enfermo.-Contestó su padre.-Así que hoy tendré que encargarme yo solo del cobertizo.
-Vaya, mandale ánimos cuando vuelvas a casa de mi parte.
Él asintió y me regaló una sonrisa antes de desaparecer en el jardín junto a mi madre.
Mis hermanos estaban durmiendo así que me quedé a solas con Connor en el salón.
-Hola guapa.-Me sonrió.
-Hola.-Le sonreí ruborizándome.
¡Aún no me acostumbraba a sus halagos!
Él se quiso acercar a mí para darme un beso pero lo detuve a tiempo.
-Nos pueden ver.
-Tengo una idea, ven conmigo.-Me cogió de la mano y me llevó hacia el jardín.
Abrió el cobertizo para intentar entrar pero se quedó paralizado.
-¿Qué es lo que pasa?-Pregunté asustada mientras asomaba mi cabeza hacia el interior.
Me quedé en shock.
<<¡Mi madre se estaba liando con Gus!>>
-Hija...-Dijo en un tono a penas audible.
-¿Qué...qué está pa...sando? ¿Desde cuándo...?
Las sospechas de Vega eran ciertas.
¡No entendía nada!
Salí corriendo lo más deprisa que pude de allí mientras ella me seguía dos pasos por detrás.
Intenté cerrar la puerta del servicio pero ella lo impidió a tiempo.
-Hija, yo... siento que nos hayas pillado así...yo...
-¿Desde cuándo?-La miré seria.
-Desde...no sé cuándo exactamente, no mucho.
Me quedé sin hablar procesando lo que estaba sucediendo.
-Dime algo cariño, siento si crees que te he fallado a ti o a tu padre otra vez pero...sucedió sin más.
-Mamá, no me has fallado ni a mí ni a nadie. Solo que...no me lo esperaba...no así, no con Gus. ¿Por qué no me lo dijiste antes?
-Porque tenía miedo de lo que pensaras...El señor Wilson me ha devuelto la felicidad...esa que hace mucho me robó tu padre.
-No temas por lo que pensara, yo solo quiero que seas feliz y que tengas a alguien que te cuide. ¡No te imaginas la de veces que he deseado que volvieras a ser tú otra vez!-La sonreí.-Si me fui fue porque me impactó verte así de repente, pero yo me alegro por ti, muchísimo, mamá.
-Gracias cielo.-Me devolvió la sonrisa y me abrazó con lágrimas de emoción.
Después de unos segundos nos separamos y volvimos al jardín donde los dos hombres ya habían empezado a trabajar, cada uno en su labor correspondiente.
-Deberías contárselo a mis hermanos, seguro que también se alegran.
-Lo haré.-Me prometió.-Cuando cenemos se lo contaré ya que hasta entonces Joel no llegará.
Asentí y le sonreí.
Mientras Axel y Hera seguían durmiendo disfrutamos viendo una película en la televisión, aunque poco nos duró la tranquilidad porque media hora después los pequeños ya venían con ganas de jugar.
Pusimos la Wii y jugamos a los deportes pasando una hora entretenida, después decidimos ir los cuatro al parque un rato donde nos encontramos con la familia Lynn al completo.
Mientras los pequeños se subían y bajaban por los toboganes Samantha hablaba con mi madre y yo con mi amigo Eliot.
-Mañana si quieres podrías pasarte por mi academia y te la enseño.
-¿Academia?-Preguntó mi madre.-¿De qué?
-De baile.
-¿Tienes una academia de baile?-Se sorprendió.
-Yo no, pero sí que trabajo dando clases en una y a tu hija le propuse hace unas semanas que se apuntara, ¿no te lo ha dicho?
-¡Hija! ¿Por qué no me dijiste nada?
-Quería que fuera una sorpresa...por si no me llegaran a dar la beca...
Ella negó con la cabeza.
-¡Tú bailas increíblemente bien! ¡Seguro que te la darán!
-Tu madre tiene razón, el otro día cuando ensayaste en mi casa me quedé alucinando.
-Gracias.-Me sonrojé.
-¿Y para cuándo es esa beca?-Se interesó Viviana más aún.
-En un mes aproximadamente, aún no están fijadas las fechas pero ya se acerca el nuevo curso y poco antes deben ofertar las becas para nuevos alumnos que no puedan permitirse pagarlo por su cuenta.
-¿Y qué requisitos piden?
Mi madre estaba preguntando más que yo. ¡Parecía que la interesada era ella!
(***)
-¿Por qué no me lo dijiste antes? ¡Quizá te hubiera ayudado a prepararte una coreografía!-Dijo mi madre mientras abría la puerta de casa.
-Ya te lo he dicho...no quería gafarlo, además Eliot me está ayudando.
Entramos en casa y salimos al jardín en busca de los trabajadores.
Los cuatro nos quedamos de piedra al ver como el nuevo cobertizo empezaba a coger forma.
Sin duda era mucho más grande que el otro y mucho mejor.
-¡Muchas gracias por la labor que estás haciendo!-Le sonrió mi madre.
-Gracias a ti por dejarme ser partícipe de ello.-Le devolvió la sonrisa.
Negué con la cabeza y sonreí al ver como se dedicaban una mirada cómplice.
Me recordaba a las miradas que recibía por parte de Connor.
Y hablando de él...lo busqué con la mirada encontrándomelo sin camiseta.
¿Es que quería matarme? ¡Menudo cuerpo tenía!
Me limpié la baba imaginaria y aparté mi mirada de él antes de ser pillada.
-Quero agua.-Uff, Axel me salvó.
-Vamos pequeño, yo te daré agua.-Le dije agarrándole de la mano.
Hera también vino con nosotros pues también estaba sedienta.
Cuando ambos terminaron sus vasos se fueron a jugar a los muñecos y yo decidí llevar agua a los trabajadores.
-Gracias.-Me dijo Connor cogiendo el vaso que le ofrecía.
-De nada.-Le sonreí.
Gus y mi madre volvieron a desaparecer de un momento a otro y el jardinero me besó dejándome sorprendida.
Temía que nos pillaran pero había aguantado demasiado tiempo sin besarlo así que no me importó el resto.
-¿Se lo has contado a alguien?-Le pregunté una vez nos separamos.
-No, ¿y tú?
Negué con la cabeza.
-Serás el secreto de mi jardín.-Dije entre risas.
-Me parece perfecto.-Sonrió.- Y eso significa que tendremos que pasar mucho tiempo aquí...-Dijo observando aquella zona de la casa.

sábado, 13 de junio de 2020

EL SECRETO DE MI JARDÍN XII

Me pasé toda la mañana y tarde nerviosa por la charla que teníamos pendiente el jardinero y yo.
Nos habíamos pasado unas cuantas horas hablando por Whatsapp la noche anterior y sentí cierta conexión con él.
Admití en mi cabeza que era realmente atractivo, pero tenía miedo de pillarme de él pues bastante había sufrido años atrás.
Ya sé que habían pasado algo más de dos años desde que aquellos dos hombres me habían roto el corazón y que ya era hora de superarlo, pero el ver como se comportaban los chicos con nosotras no me hacía gracia.
Tenía miedo de salir dañada, por eso me había prometido que no me volvería a enamorar.
El timbre sonó sacándome de mis pensamientos.
Me levanté a abrir rápidamente y allí me encontré al chico de pelo castaño con una gran sonrisa.
-Hola Lana.
-Hola Connor, pasa.-Le devolví la sonrisa.
Él entró y empezó a caminar, pero cinco pasos adelante se volvió para mirarme.
-¿No vienes?
-Sí, ¿dónde quieres hablar?
-¿Qué te parece si vamos al cobertizo y mientras me preparo hablamos?
Asentí con la cabeza y lo seguí.
Era una buena idea pues seguramente si nos quedaramos por la casa mi familia nos interrumpiría.
-He pensado que podría construiros un cobertizo nuevo y más grande. 
-Por mí genial, pero deberías preguntar primero a mi madre, aunque seguro que también estará encantada.
-Luego se lo diré entonces.
Asentí con la cabeza y me quedé mirando como cogía las herramientas necesarias y las ponía en el carretillo.
Nos quedamos en silencio sin saber como empezar la conversación.
Sin embargo, él se atrevió a dar el primer paso.
-Siento mucho haberme reído el otro día cuando...bueno ya sabes.-Se ruborizó.
-No te preocupes.-Le sonreí.- De todas formas creo que no habría sido buena idea.
<<Aunque me muera de ganas por besarte>> Pensé.
-¿Por qué?-Me miró a los ojos.
-Pues porque...yo...estoy bien así, sin nada.
-¿Me vas a decir que no sientes cierta conexión conmigo?
-N...no...-Mentí.
-Entonces, ¿por qué el otro día sí querías besarme?
-Pues no sé...me dio por ahí.
-Ah, o sea que tú te lías con los chicos cuando te da por ahí, ¿no?
Lo miré horrorizada, sentía que empezaba a enfurecerme pero me prometí unos días antes que eso se había acabado.
Conté hasta diez y lo miré.
-No, no quería decir eso...Lo siento.
-¿Qué sientes? Lana, sé que nos conocemos muy poco y que no te fías del todo de mí, pero no sé cómo...ni porque pero estoy empezando a sentir cosas por ti.-Estiró sus brazos en busca de mis manos.-Y el otro día sentí que tú también sentías lo mismo. No sé cuánto es ni que significa exactamente, pero estoy seguro de que me atraes y me gustaría empezar algo contigo, ir despacio y ver que sucede. Me pareces una chica guapísima con esos ojos verdes, esa sonrisa tan bonita, ese pelo tan suave de color violín. Pero a parte me pareces una chica muy tierna, amable y lista.
Ahora la que se ruborizó fui yo.
¡Hacia tanto que no escuchaba a alguien hablar así de mí!
Quería sonreír y besarlo, olvidarme del pasado, pero no podía.
La imagen de Adam besando a otra después de haberse acostado conmigo y haberme dicho que siempre sería yo la única vino a mi cabeza.
Me aparté de él.
-Lo siento pero...no puedo.-Salí huyendo como la cobarde que era.
Él gritaba mientras me seguía hasta que me pareció oír a mi madre decirle que me dejara sola.
Me encerré en mi cuarto y comencé a llorar.
Quería avanzar pero no lo conseguía, quizá mi madre tenía razón y necesitaba ayuda de un especialista.
(***)
A la tarde siguiente me quedé en mi habitación con la excusa de que me encontraba algo mal y así no me encontraría con él.
Sé que debía disculparme por haber huido el día anterior pero me moría de la vergüenza y no sabía que decirle si quiera.
Me dediqué a sudar la gota gorda mientras bailaba al son de la música que sonaba a través de mi gran altavoz de color morado.
Ese que me regaló cinco años antes mi padre por mi cumpleaños.
Sonreí al recordar aquel momento, pero cuando volví al presente noté como una lágrima avanzaba por mi mejilla derecha.
¡Cuánto lo echaba de menos! 
Sin embargo recordar aquel día en el que nos abandonó hizo que sintiera más rabia que tristeza.
En parte entendía que quisiera alejarse de su "mujer" pues esta le había sido infiel, pero también él tenía parte de su culpa por haberla descuidado durante esos últimos años.
Al principio, cuando leí la carta que me había escrito me enfadé muchísimo con mi madre, ¡ella había tenido la culpa de que nuestro padre nos dejara! 
Estuve más de un mes sin dirigirle la palabra hasta que me contó el motivo de su infidelidad.
No compartía su punto de vista, pero en parte la llegué a entender.
Además ella tuvo que seguir adelante con cuatro hijos a cargo y eso tenía muy buen mérito.
Fue cuando empezó a trabajar en aquel bar para que no nos faltara de nada; lo malo que no la veíamos casi.
Hasta en este momento... Esta semana había cambiado su trabajo por uno mejor y estaba disfrutando a tope de sus hijos, sobre todo de los pequeños.
Volví a sonreír.
Sonreí por mi madre, por todo el esfuerzo que sacaba cada día por cuidarnos.
¡Se merecía lo mejor! ¡Y ojalá encontrara un hombre que le hiciera feliz de nuevo!
Dejé atrás mis pensamientos y decidí salir de mi cuarto.
Quería ser valiente por una vez en la vida, aunque solo fuera para disculparme y estar bien con el jardinero.
No quería lamentarme más por nada ni nadie así que tras beber un trago de agua elegí la ropa que me iba a poner después de pegarme una buena ducha.
Antes de nada tendría que quitarme los restos de sudor, ¿no?
(***)
Sonreí al mirarme en el espejo y me dije unas palabras de ánimo antes de dar la cara.
Comprobé que estaba a solas con Connor, pues sabía que mi hermano estaría trabajando y Viviana en el parque junto a los peques.
-¡Por fin se te ve el pelo!-Dijo mientras se levantaba tras haber cortado alguna rama del suelo.
-¿No estás enfadado conmigo?
-¿Yo? ¿Por qué iba a estarlo?
-Porque...ayer salí huyendo.
-No te preocupes, entiendo que necesites tu espacio.-Me sonrió.
Asentí con la cabeza devolviéndole la sonrisa.
-Aún así siento que debo disculparme así que...Lo siento, siento haber sido una cobarde ayer.
-Disculpas aceptadas.-Me miró a los ojos.
Lo miré sonrojada durante unos segundos en silencio hasta que decidí preguntarle si quería ayuda.
-No hace falta, pero si insistes...-Rió.
-Quiero aprender a cuidar del jardín, ya que no tengo nada que hacer...Además cuando termines tu trabajo alguien tendrá que hacerse cargo, ¿no?
-Así que me vais a echar...
-¡Nooo! Me refiero a cuando termines de revivir el jardín, recuerda que solo te queremos para eso.
-¡Oh, eso ha dolido!-Dijo llevándose una mano al corazón.
-¡Mier**! No quería decir eso es que...
-Tranquila, sé para lo que me habéis contratado.-Rió.-Solo intentaba hacerte reír.
-Pues lo has conseguido.-Le sonreí.
Y así empezamos a quitar la mayoría, por no decir, todas las plantas muertas para más adelante plantar unas nuevas.



sábado, 6 de junio de 2020

EL SECRETO DE MI JARDÍN XI

Me encontraba sola leyendo un libro en un sofá color beige.
<<¿Desde cuándo teníamos un sofá de este color? ¿Qué había pasado con el color teja?>>
Extrañada dejé el libro en la mesa de cristal que estaba al lado del asiento, me levanté y me miré.
Estaba con solo una camiseta roja de tamaño XL seguramente y unas braguitas de encaje negro.
-Amooor, ¿por qué tardas tanto?-Una voz masculina gritaba desde el pasillo.
<<¿Quién era y por qué me llamaba amor?>>
Fui en dirección de aquella voz.
Abrí los ojos como platos, me quedé quieta y con la cara pálida.
-¿Qu...qu...qué...ha...haces... tú... aquí?
-¿Cómo que qué hago aquí? Soy tu novio y compañero de piso.-Me sonrió Adam.
-N...No... tú... tú.-Comencé a llorar mientras corría lejos de él, de aquella casa.
Pero cuando abrí la puerta de la entrada frené en seco.
No había asfalto ni nada más que solo el vacío.
-Ven conmigo, yo te protegeré.-Dijo Adam acercándose a mí.
-¡No! ¡Tú me engañaste con otra! Prefiero morir antes que volver contigo.-Di un paso hacia fuera de la casa esperando caerme por el precipicio.
(***)
Grité, lloré y me desperté de un susto.
Mi corazón latía muy deprisa.
¡Había tenido una pesadilla! ¡Con mi ex! 
<<¿Por qué ahora? ¿Por qué vuelve a mí?>>
Negué con la cabeza mientras sollozaba.
Mi madre entró entonces en la habitación, me acurrucó entre sus brazos y me calmó poco a poco.
-Como sigas así quizá necesites ir a un especialista... No puedes continuar así.
-¡No! Yo no necesito ayuda, no soy feliz pero estoy bien... Hacía mucho que no soñaba con él... quizá...ha sido por todo lo que me está pasando últimamente. 
-Mira, hagamos un trato... Ahora que voy a estar más tiempo en casa, ¿por qué no pasas tiempo con tus amigos, o sales a pasear sola también o a hacer lo que más te guste? Quizá eso te ayude y poco a poco te sientas mejor. Si en dos semanas vemos que no has mejorado intentamos ir a un psicólogo, sin presiones, ¿vale? 
Miré poco convencida a Viviana pero terminé asintiendo.
(***)
A las 17.15 h Blake llamó a la puerta, saludó a mi madre y mis hermanos pequeños mientras me esperaba a mí.
-No tardará mucho.-La oí decir a la mujer canosa de ojos azules.
-Como siempre...¡Es una tardona!-Dijo el mejor amigo de mi mellizo.
-¡Oye, que te he oído!-Me quejé apareciendo en el salón y dándole un puñetazo en el hombro.
-No me ha dolido.-Sonrió.
Viviana comenzó a negar con la cabeza, me dio un beso en la mejilla y tras despedirse de Blake, mi acompañante y yo salimos de mi casa.
-¿A dónde vamos a ir?
-¿Qué te parece si vamos a la bolera? Hace mucho que no te gano.
-Dirás que hace mucho que no te gano yo a ti.-Le saqué la lengua.
Ambos empezamos a reír mientras nos montábamos en el coche de mi amigo.
Unos minutos después llegamos al lugar donde hacia años celebrábamos nuestros cumpleaños.
-Creo que hace diez años que no venía aquí por lo menos.-Sonreí al ver aquel local de dos plantas, la de arriba era un bar-karaoke, compuesto por una gran barra de madera y unas cinco o seis mesas grandes con sus cuatro sillas, además de dos mesas azules pequeñas con dos pufs.
En la de abajo se encontraban otras cuántas mesas con más sillas, otra barra más pequeña, los baños y seis pistas pequeñas de bolos.
Blake en seguida nos consiguió una pista y aunque insistí en pagar mi parte él quiso invitarme, tanto a la partida como a los refrescos que pedimos.
Una vez puestos los calcetines y zapatos del sitio empezamos la partida.
Y así entre tiradas fallidas, plenos, semiplenos, refrescos, música, risa y piques pasamos la tarde.
Me sentí tan bien como antes de que mi padre nos abandonara a mi familia y a mí, y que Adam rompiera conmigo.
Sentía que la amistad con Blake volvía a ser la de siempre, se comportó genial conmigo y ni siquiera intentó acercarse de más.
Algo que le agradecí enormemente.
Cuando volví a casa mis hermanos ya estaban dormidos, así que me quedé a solas con mi madre con la que charlé y le conté lo bien que me lo había pasado aquella tarde.
Ella me contó que su primer día junto a Ashley en la empresa de lavandería fue mucho mejor de lo que esperaba. En seguida cogió la práctica de la parte de las sábanas aunque dijo que era un trabajo muy duro por el gran esfuerzo que requería.
Mientras, cené la sopa y el pescado que me había preparado con mucho amor.
-¿Sabes? Echaba de menos salir sin tener que preocuparme tanto por los peques, pues sé que seguramente hayan disfrutado muchísimo de volver a tenerte en casa toda la tarde.
-¡Sí, nos lo hemos pasado pipa!
-¿Pasado pipa? ¡Mamá, esa frase ya está un poco anticuada!
Ambas reímos y seguimos charlando un poco de todo hasta que mi boca se abría demasiado y decidimos irnos a dormir, además ella tenía que madrugar al día siguiente.
Sin embargo mis planes cambiaron en el último momento cuando leí el mensaje que Connor me había escrito media hora antes.
Hola Lana, ¿qué tal estás? Perdón si te hablo algo tarde pero es que no consigo dormir... Y necesitaba decirte esto. No sé qué me está pasando pero... últimamente no paro de pensar en ti y en lo que podría haber pasado el otro día... Hace días que no coincidimos, bueno, más bien desde entonces, y... Te echo de menos. Necesito verte... Espero que ahora que tu madre tiene trabajo nuevo, poder seguir viéndote por las tardes, aunque entiendo que quieras aprovechar para salir más con tus amigos.
Siento molestar, un saludo de Connor.
Leí dos veces el mensaje antes de contestar pues no sabía muy bien que significaba eso, o al menos no en parte.
Sin embargo no me gustaba dejar a la gente en leído así que le escribí lo siguiente:
Buenas noches Connor, en primer lugar nunca molestas y en segundo lugar me ha sorprendido que me hubieras escrito. Es más, no recuerdo cuando te di mi número...¿ Me has espiado o algo por el estilo? Jajaj, tranquilo, es una broma. Me imagino que tu querido amigo Roy o Vega te lo hayan pasado y no pasa nada, me alegra.
La verdad que tienes razón, no nos hemos vuelto a ver y quizá deberíamos hablar sobre ello. Mañana me quedaré en casa y así podremos tener esa charla, ¿te parece?
Antes de enviarlo lo leí otras dos veces, sin saber que no iba a ser el único mensaje que le mandaría esa noche.
¡Nos quedamos hasta las 2.36 am hablando! 
Sin embargo no hablamos del tema pues preferimos esperar al día siguiente como habíamos acordado.

jueves, 28 de mayo de 2020

EL SECRETO DE MI JARDÍN X

-¿Y esta preciosidad?-Preguntó Vega con una gran sonrisa de oreja a oreja.
Me acerqué a ella y la abracé.
-Tú sí que eres preciosa.-Le guiñé el ojo.
-Error, yo soy la más preciosa querrás decir.-Dijo entre carcajadas.
Negué con la cabeza.
-Bueno qué, ¿vamos a por las entradas?
-Sí.
Una vez dentro del cine nos pusimos en la cola para pedir los refrescos y el bol mediano de palomitas para las dos.
Pagamos y entramos en la sala correspondiente donde nos sentamos en la penúltima fila.
Cinco minutos después de anuncios la película de comedia comenzó.
(***)
Cuando salimos del cine ya eran las 19.45 y yo tenía la sensación de que se me olvidaba de hacer algo pero no me acordaba hasta que vi a un niño pelirrojo.
-¡Mierda! Tenía que ir a recoger a mis hermanos a y media. ¡Se me había olvidado!
-Tranquila, Roy viene ahora a buscarme en coche, te podemos acercar.
-¡Uff...! Me salvaríais la vida.
No sé cuantos minutos pasaron hasta que el Renault azul de mi amigo apareció, pero me parecieron eternos.
No tenía el número de teléfono de la madre de Olivia así que no podía avisarle, pero por suerte no tardamos ni cinco minutos en llegar a su casa.
Les agradecí que me hubieran acercado y les lancé un beso antes de que desaparecieran de mi vista.
Llamé al timbre y esperé a que Samantha me abriera.
Sin embargo me sorprendí al ver a mi antiguo compañero de clase.
-Eliot... ¿qué haces aquí?-Miré el número a ver si me había confundido.
-¿No debería preguntar yo eso?-Dijo levantando una ceja.
-¿Eres hermano de Olivia? No recuerdo que me dijeras que tuvieras hermanos...
-No, es mi prima.-Me sonrió.-Ay, perdón, pasa.
Entré y esperé a Eliot mientras observaba el pasillo de la familia Lynn. Era largo y llevaba a varias habitaciones, en las paredes había fotos familiares y cuadros. Al final del corredor estaba situada una escalera que llevaba a la segunda planta.
Era la segunda vez que entraba a esta casa y ninguna de las anteriores veces me había percatado de que aquel niño que sonreía en una de las fotos era mi amigo, ni siquiera me lo crucé en las visitas que había realizado.
-¡Tataaa!-Gritó Axel en cuanto me vio.
-Hola pequeño.-Le cogí en brazos para darle un abrazo.
-Hola Lana.-Apareció Samantha con una expresión neutra.-¿No ibas a venir hace casi media hora?
-Sí, perdona la demora pero fui al cine con una amiga y la película terminó más tarde de lo que pensaba.
-No te preocupes, estoy encantada con tus hermanos.-Me pareció ver una pequeña sonrisa.
-Tataaa... ¿podemos quedarnos un poco más?-Preguntó Hera poniendo pucheros.
-Lo siento pero mañana tenéis clase y hay que cenar.
-Jooo...vale.
Mis hermanos recogieron sus cosas y se despidieron de sus amigos mientras preguntaba a Samantha qué tal se habían portado.
Una vez listos me despedí de todos y salimos acompañados por Eliot quien se ofreció a llevarnos a casa.
Durante el viaje mis hermanos no paraban de hablar de lo bien que se lo habían pasado junto a Olivia y Finch, su hermano de tres años.
Eliot, mientras, estaba concentrado en conducir y llegar sanos y salvos.
De repente noté que se había creado un silencio extraño en el vehículo, giré mi cabeza para ver qué había pasado. ¡Se habían dormido! 
<<¡Genial! Ya verás la llorera que se va a pegar Axel cuando le despierte para cenar!>>
Suspiré pensando en lo que me esperaba minutos más tarde.
-¿Qué te pasa?
-Nada...Solo que estoy pensando en como se va a despertar Axel... Necesitaré tapones para el oído y mucha paciencia.
Reímos.
-Mucha suerte.-Me sonrió el chico.
-Gracias, la voy a necesitar...
-Y... ¿qué tal estás hoy? ¿Mejor?
-Muchísimo mejor, creo que es hora de cambiar mi forma de ver la vida y ser más positiva.
-Así me gusta.
Sonreí.
Otra vez nos quedamos en silencio hasta que volvió a mi cabeza una pregunta.
-Una cosa... ¿vives con tu tía y primos?
-Sí, mis padres murieron cuando yo tenía la edad de Finch en un accidente. Desde entonces vivo con ellos.
-Ah vale, aunque... ¿cómo es que no he coincidido contigo las otras dos veces que he venido a buscar a mis hermanos? 
-No sé, quizá en ese momento estaba encerrado en mi habitación o no estaría en casa.
-Puede ser.
-Por cierto, me gustaría enseñarte algún día la academia donde trabajo. Sé que a ti también te encanta el baile y seguro que te gustaría conocerla.
-¿De verdad? ¡Claro que me gustaría! Aunque más me gustaría poder apuntarme...
-¿Y por qué no lo haces? Pronto se van a abrir las inscripciones para el próximo curso.
-Seguro que cuesta mucho dinero y no puedo permitírmelo... 
-Bueno, quizá puedas conseguir una beca.
-No lo creo...a penas tengo tiempo libre para prepararme bien la prueba.
-Si mal no recuerdo te quedas muchos días en casa cuidando de tus hermanos, ¿no? 
Asentí con la cabeza.
-Pues entonces sí tienes tiempo, puedes echarles un ojo aunque ensayes. Además, si quieres puedo ayudarte a preparar la prueba, podría pasarme por tu casa y cuando no tengas que cuidar de tus hermanos puedes venir a ensayar aquí, tengo una habitación con el espacio perfecto para bailar.
-¿De verdad harías eso por mí?-Mis ojos empezaron a brillar al escucharlo.
-Pues claro, para eso están los amigos.
-¡Ay, gracias!-Chillé tanto por la emoción que mis hermanos se despertaron.
Y como había imaginado poco antes... Axel no paraba de llorar.
Por suerte llegamos a nuestro destino y pude consolarlo rápidamente.
-Gracias por traernos y por la oferta. ¡Eres un sol!-Dije antes de que se fuera mi amigo de tez oscura.
-Es un placer. Ya hablaremos, adiós guapa.-Me dedicó una sonrisa de despedida.
-Adiós.-Le devolví la sonrisa.
Cuando vi que el coche había desaparecido fui con Axel en brazos y Hera dada de mi mano hasta la puerta, saqué las llaves y abrí como pude.
-¡Ya estamos aquí!-Grité para que Joel se enterara de nuestra llegada.
-Estamos en la cocina.
<<¿Estamos? ¿Quiénes? Si mamá aún no debía de haber llegado...>>
Bajé a Axel y los tres fuimos caminando hacia allí encontrándonos a nuestro hermano y a Blake comiendo una pizza de barbacoa.
¡Qué hambre me había entrado de repente!
-¡Pizzaaaa!-Gritaron los peques.
-No hay para vosotros.-Contestó Joel.
Blake mientras me miraba con una sonrisa poniéndome un poco nerviosa.
No lo había vuelto a ver desde que pasó todo aquello y aunque ya habíamos hecho las paces horas antes me sentía incómoda.
-Ho...hola.-Me ruboricé.
-Hola Lana, estás muy guapa.
Mis mejillas se colorearon de un rojo aún más intenso si era posible.
-Gra...cias.-Sonreí.
El llanto del pelirrojo me sacó del pequeño trance en el que había entrado.
-¡Joel! ¿Qué has hecho ya?-Le regañé.
-Que sí que hay pizza para vosotros, era una broma.-Le intentaba consolar.
Resoplé fulminándolo con la mirada.
-¡Las que preparas!
Blake y Hera empezaron a reírse pero al ver mi cara dejaron de hacerlo.
Y así fue como empezamos una cena entretenida.


miércoles, 20 de mayo de 2020

EL SECRETO DE MI JARDÍN IX

No me di cuenta de cuando se había ido Connor, ni de cuando Joel había llegado a casa.
Lo único de lo que me di cuenta fue de cuando llegó mi madre, más que nada porque se me quedó mirando fijamente con una expresión neutra.
Levanté mi mirada del teléfono, ¡me había pasado toda la tarde hablando con Eliot!
-Hola mamá.-Sonreí.
-Hola cariño, ¿de que te reías? 
-De un chiste.
-Ah.
Silencio.
-¡Mamii!-Aparecieron los dos pequeños corriendo a sus brazos.
Sonreí ante la escena recordando a mi yo de 4 años haciendo lo mismo.
¡Era feliz y no lo sabía!
Suspiré provocando que todos me miraran preocupados.
-Voy a preparar la cena.-Dije evitando que me preguntaran.
Hera y Axel empezaron a reír desconcertándome por completo.
-¿No has cenado todavía?-Preguntó Viviana.
Negué con la cabeza dándome cuenta del porqué se reían los niños.
-Mejor, así cenamos juntas y charlamos.-Sonrió- Pero primero iré a acostar a tus hermanos y cambiarme, ¿vale? 
Asentí con la cabeza y esperé a que desaparecieran para despedirme de mi amigo.
Cuando mi madre volvió fuimos juntas a la cocina y calentamos la comida que mi mellizo había preparado.
-¿Qué tal fue el día?
-Pues muy ajetreado, ya sabes como son los bares... ¿Y el tuyo?
-Pues intenso, muchas emociones para tan solo un día. ¿Te acuerdas de Eliot, mi amigo del grado?
-Sí, ¿por qué?
-¡Hemos vuelto a hablar! Y me ha animado bastante el día.
-¿Animado? ¿Qué te pasaba?
-Creo que no soy feliz mamá, desde que papá y Adam se fueron de mi vida...no levanto cabeza, además he discutido con Connor.
-¡Últimamente estás muy irascible, ¿eh?!-Me miró algo enfadada.- ¿Por qué te peleas con todo el mundo?
-No lo sé, creo que...-y entonces una pequeña lágrima empezó a salir.-todo...me...me...sale...mal.
-Claro que no, pequeña.-Dijo abrazándome.-Lo de tu padre y Adam pasó porque son personas que no mereces, pero quédate con que tienes muchas personas a tu alrededor que te queremos mucho. Además pronto vas a poder tener más libertad para que encuentres un trabajo o simplemente salgas más con tus amigos.
-Eso quiere decir que...
-¡Sí, voy a trabajar con la madre de Vega! 
-¡Aaaaayy, qué bien mamá!-La abracé con fuerzas. 
Las dos sonreímos y seguimos cenando mientras hablábamos de cómo iban a ser nuestras vidas a partir de ese momento.
(***)
Al día siguiente me levanté muy contenta.
Haber hablando con mi madre y haber descansado me ayudó a sentirme mejor y sobre todo darme cuenta de que tenía que cambiar mi actitud, empezando con no enfadarme tanto con la gente, perdonar a Blake y pedir perdón a Connor por mi reacción del día anterior.
Así que en cuanto me levanté, me duché y mientras desayunaba escribí un mensaje a Blake.
Buenos días giganteeee :P Siento mucho haberme comportado el otro día tan mal contigo aún habiéndome pedido perdón, últimamente no entiendo que me pasa... He pensado en lo que me dijiste y quiero estar bien contigo, con todos. Prometo no enfadarme tan fácilmente.
Si quieres mañana podemos quedar por la tarde.
Un beso de tu loca amiga.
Tras leer lo que le escribí pulsé a enviar y esperé a  su respuesta.
No tardó ni un minuto.
Muchas gracias por darme otra oportunidad, me comporté como un imbécil yo primero así que no tienes por que pedirme perdón tú a mí. 
Me encanta la idea, mañana me paso a por ti a eso de las...¿17? 
Un beso de tu amigo el imbécil.
Reí al leer su mensaje, le respondí que me parecía perfecto y que algo imbécil sí que era, lo que provocó que empezáramos una guerra de insultos para acabar con palabras bonitas.
Terminé de desayunar, recogí todo y sonreí al ver a mi hermano aparecer en la cocina.
-Mamá ya me ha dicho que mañana empieza en el nuevo trabajo.
-Buenos días, ¿eh?-Reí.
-Buenos días mocosa.-Me sacó la lengua.-Los peques hoy se quedan a comer en casa de la amiga de Hera, así que tendrás que ir tú a recogerlos a las siete y media.
-¿Qué amiga?
-Su compañera de clase...no sé cómo se llama ahora.
-Ah, ¿Olivia?
-Sí, esa.
Asentí con la cabeza y sonreí pensando en que tendría tiempo libre para mí.
<<¿Qué podría hacer entonces? ¡Ya sé! Podría ir al cine con Vega, hacía mucho que no íbamos y hace poco se estrenó una película que me llamó la atención >>
-¿En qué piensas?
-En lo que podía hacer hoy.
-Yo he invitado a Blake a casa para jugar a la consola. ¿Has hablado ya con él?
-Sí, lo he perdonado, no me gusta estar mal con él.
-Muy bien, hermanita.-Me sonrió.-Aunque yo le echaré una bronca por como te trató.
-Tranquilo, ya está todo bien, no hace falta.-Le devolví la sonrisa pensando en lo protector que era siempre conmigo.-Te quiero mucho, tato.
-Yo no.-Dijo yéndose.
Reí y fui a mi habitación, encendí el portátil para ver una serie y mientras le envié un mensaje a Vega contándole el plan.
Se alegró tanto que subió una historia a Instagram contándole a todo el mundo nuestro plan.
Hoy parecía que iba a ser un gran día.
Simplemente con haber decidido cambiar mi modo de ver las cosas hizo que mi vida se volviera más feliz.
(***)
Me estaba poniendo las francesitas sentada en el sofá cuando el timbre sonó.
Miré la hora y sonreí.
Seguro que era Connor, tan puntual como siempre.
Cuando abrí comprobé efectivamente que se trataba de él, se había quedado con los ojos como platos y la boca abierta.
Reí al ver su reacción.
-Cierra la boca que te pueden entrar moscas.
Se ruborizó ante mi comentario y volvió a la normalidad.
-Perdón...Es que, ¡estás guapísima!
Ahora quién se sonrojó fui yo.
-No te lo creas tanto.-Mi mellizo me miró con una sonrisa.-Y tú cuidado con lo que dices a mi hermana.-Miró desafiante al jardinero.
Negué con la cabeza dejando entrar al chico y seguí preparándome.
Una vez lista me miré al espejo comprobando que todo estaba en su sitio y me despedí de los chicos para ir a buscar a mi mejor amiga.

sábado, 18 de abril de 2020

EL SECRETO DE MI JARDÍN VIII

Parecía que el tiempo se había detenido, que todo el universo se había paralizado.
Ahí estábamos los dos mirándonos el uno al otro, él serio viendo mis ojos verdes y pequeños y yo nerviosa viendo sus tiernos labios y a la vez también a sus ojos marrones.
Me iba a besar, eso estaba claro y yo... me moría de ganas de que lo hiciera.
Pero cuando cerré los ojos e intenté acortar algo más "la distancia" entre los dos no sentí sus labios contra los míos.
Solo sentí como él se empezaba a reír.
Y eso me molestó y mucho.
Abrí los ojos de golpe, lo fulminé con la mirada y me marché de allí dejándolo perplejo.
-Lana, espera.-Dijo persiguiéndome por toda la casa.
No contesté y seguí caminando.
Justo cuando iba a subir el primer escalón me alcanzó, me cogió como un saco de patatas y me llevó al jardín.
-¡Bájame!-Gritaba una y otra vez.
-Está bien, te bajaré con una condición.
-¿Cuál?
-Que me expliques porque te has enfadado.
-¡NI LOCA!
-Vale, pues ahí te quedas.-Rió mientras me paseaba.
-¡Bájame!
-Pues dímelo.
-Primero bájame.
-¿Me lo vas a decir?
-Sí.
Por fin mis pies volvieron a tocar el suelo, cuando me recuperé del pequeño mareo comencé a correr por todo el jardín.
Connor en seguida me alcanzó, me atrapó entre sus brazos y esta vez me tiró al suelo colocándose encima de mí y agarrándome de los brazos para que no me pudiera escapar.
-¿Quieres jugar? Pues juguemos.-Dijo riendo maléficamente.
Me agarró con una mano solo y con la otra empezó a hacerme cosquillas.
Yo empecé a reír sin parar aunque intentaba parecer enfadada no podía evitarlo.
-¿Sigues enfadada?
-Sí.
Después de un rato volvió a preguntármelo obteniendo la misma respuesta.
-¡Guerra de cosquillaaaas!-Exclamó Hera apareciendo en la puerta del jardín.
-¡Quillas, quillas!-Dijo Axel.
Ambos corrieron hasta donde estábamos y entre los tres no me dejaban escapar.
Pero tuvieron que pagar porque yo comenzaba a ponerme roja y ahogarme.
Los niños seguían y fue Connor quien les convenció para que me dejaran respirar.
Y así fue como empezamos los cuatro a hacernos cosquillas los unos a los otros.
Después de un rato les dije a los niños que fueran a jugar a otra cosa pues el chico debía seguir trabajando.
Nos dejaron a solas rechistando un poco.
-¿Quieres agua?
-Sí, por fa.
Asentí y fui a la cocina a por ello y se lo llevé de nuevo.
-Gracias.-Me sonrió.
-De nada.-Le devolví la sonrisa.
-¿Por qué te habías enfadado?
-No me enfadé.
-Pero si lo reconociste antes, ¿qué te hice?
-Nada...una tontería que pensé.
-¿Tontería? ¿No sería que...?-Se sonrojó.-¿Querías...besarme?
Lo miré ruborizándome también y negué con la cabeza.
-¿Entonces?
-No sé, es...ya te dije una tontería, no te preocupes.
-Quiero saberlo, sé sincera, por favor.
-Está bien, sí, pensé que me ibas a besar y... sin embargo te empezaste a reír y me molestó.
-Perdón, no quería...pareció lo que no era.-Se rascó la nuca.-Estaba nervioso...y me reí, pero...sin querer. Me pasa muchas veces, es una de mis rarezas.
-¿Nervioso? ¿Por qué?
-Porque quería besarte, pero pensé que la iba a fastidiar, que me darías un manotazo o algo y...
-Pues no la ibas a fastidiar, yo no te pegaría.
-¿Y a Blake sí?
-¿Blake?-Me quedé perpleja al escuchar su nombre.-¿Te lo ha contado? ¡Me va a oír el maldito gilipo****!
-¡Ey, tranquila!-Me cogió del brazo para detenerme.
-¿Y tú desde cuándo te llevas con él? ¿Os habéis hecho muy amigos el otro día que ya te cuenta todo? ¿A caso te ha contado lo que hizo él?
-No, él no me lo ha dicho.
-¿Entonces quién?
-Nadie... se lo escuché decir a Vega mientras hablaba con Roy, yo vivo con él y ella parecía muy nerviosa ayer por su hermano, y antes ella le llamó y le contó qué es lo que pasó al final.
-Ah, genial. ¡Menuda amiga tengo que va contando mis cosas!
-Ella no se lo quiso contar, pero Roy le insistió y... Pensaba que nadie más lo sabría sin embargo en ese momento estaba yo escuchando... No se lo digas, no le digas nada y mucho menos te enfades, por favor.
-¡Veré yo lo que hago con mi vida! ¡No eres quién para mandarme!
-Lana...
-Ni Lana ni leches.-Dije alejándome de allí.
Esta vez él no me persiguió y se lo agradecí.
Estaba hecha una furia y lo que necesitaba era estar sola, pero no podía pues tenía que vigilar a mis hermanos, así que fingí una sonrisa y me puse a jugar con ellos.
-¿Qué te pasa tata?-Preguntó la rubia.-¿Tengo que pegar a Connor?-Frunció el ceño.
-No, no se pega a nadie.
-¿Y por qué estás enfadada?
-No lo estoy.
-Sí estás roja.-Dijo Axel mencionando al monstruo de los colores.
Reí un poco.
-Tranquilos pequeños, seguid jugando que ahora vuelvo, ¿vale?
Ellos asintieron y me dejaron ir tras darme un achuchón.
-Gracias.-Les sonreí y me fui al baño.
Me cerré y comencé a llorar.
¿Por qué últimamente todo me salía tan mal? ¿Por qué todo el mundo parecía ir en contra mía? ¿Por qué me enfadaba tan fácilmente? 
Saqué mi móvil y me di cuenta que me quedaba poco para que la menstruación llegara, esa era una respuesta, pero sabía que había algo más...
Sabía que en el fondo el recuerdo de mi padre y de Adam era lo que me estaba afectando.
Quería ser feliz, seguir mi vida pero no avanzaba por más que lo intentara.
Suspiré e intenté controlar mis lágrimas.
Justo en ese momento me llegó un Whatsapp de un número desconocido.
Lo abrí y me sorprendí mucho, pero me sacó una sonrisa.
Hola Lana, no sé como empezar...ni siquiera sé que escribirte, solo sé que tenía la necesidad de hablar contigo, de saber qué tal te va todo. Ya leí el mensaje del grupo, y entiendo que te hayas salido, yo tarde o temprano lo haré. Se os echa muchísimo de menos la verdad...y eso que yo casi no tenía relación con ninguna, solo contigo y sin embargo el hecho de no vernos nos ha distanciado...Entiendo, tú tienes tus cosas y yo las mías, y el hecho de que terminasemos el curso hizo que nuestra pequeña ¿amistad? también, pero quiero que sepas que si en algún momento necesitas algo cuenta conmigo. Un saludo de tu compi Eliot.
Eliot fue un compañero del grado de educación infantil.
Cuando llegó, después de unas cuantas semanas, la mayoría de chicas se le acercaban por interés, luego le dejaron un poco solo hasta que Vega y yo le aceptamos en nuestra pandilla, el resto de compañeras del grupo, Ariel y Rosie, también le aceptaron pero no llegaron a tener ese feeling.
Eliot se convirtió en un buen amigo, pero mi temperamento y el no vernos hizo que nos fuéramos alejando poco a poco.
Y el hecho de que me hubiera escrito, después de tanto tiempo, me hizo mucha ilusión.
Justo apareció cuando más lo necesitaba.